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Una alimentación sana también es más sostenible

1 mayo, 2018 - Salud
Una alimentación sana también es más sostenible

La alimentación no es sólo la salud de la persona, sino también la del planeta. Este es el mensaje fundamental que se transmitió ayer en la importante conferencia “Alimentación y Medio Ambiente: sano para ti, sostenible para el planeta”, donde el Centro Barilla de Alimentación y Nutrición presentó su estudio más reciente, el de la doble pirámide.

Muchos de nosotros todavía recordamos la pirámide alimenticia clásica de los tiempos de la escuela. Según este modelo, una nutrición correcta requiere la ingesta de diferentes cantidades de todos los productos alimenticios. La base está compuesta por frutas y hortalizas -preferiblemente de temporada y con una corta cadena de suministro, añadiríamos-, mientras que los componentes fundamentales de la dieta son también el pan, la pasta y los cereales, junto con las legumbres y el aceite de oliva. Por el contrario, el consumo de leche y productos lácteos, carne blanca, huevos y pescado debería ser moderado. En la cima de la pirámide hay alimentos que deben consumirse con menos frecuencia: carnes rojas y dulces.

Si este modelo nos parece obvio y familiar, es porque corresponde en gran medida a la dieta mediterránea. Una dieta que en la posguerra sufrió algunos cambios, pero que históricamente incluye una prevalencia de frutas, verduras, carbohidratos y aceite de oliva.

Es cierto que incluso en los países mediterráneos hoy en día comemos más carne y muchos ceden a los halagos de la comida chatarra, pero afortunadamente nuestra tradición todavía nos preserva de muchos problemas relacionados con una dieta incorrecta y desequilibrada. Con beneficios no sólo a nivel individual, sino también a nivel colectivo: en países donde la hipertensión, la diabetes y la obesidad (las enfermedades típicas del bienestar) están muy extendidas, de hecho, el gasto sanitario se está volviendo incontrolable. Por citar el ejemplo más conocido, hoy en día en los Estados Unidos se gastan 250.000 millones de dólares al año en el tratamiento de la diabetes. En 1980, la misma cifra cubría todo el gasto en salud.

Pero eso no es todo. El estudio presentado también destaca otra característica importante de la dieta mediterránea: la sostenibilidad medioambiental. De hecho, calculando la huella ecológica de las distintas categorías de alimentos, está claro que los alimentos que forman la base de una dieta correcta son también los de menor impacto. Las frutas, las verduras y los cereales son mucho más sostenibles que los productos transformados (tortas y quesos) y especialmente la carne roja.

Como también señaló Jeremy Rifkin, que estuvo presente en la conferencia por videoconferencia, la producción de carne de vacuno tiene un enorme impacto medioambiental, que a menudo se subestima: contribuye en un 18% a la producción de gases de efecto invernadero a escala mundial. La ganadería también plantea otro problema: el 40% de la tierra agrícola disponible hoy en día se utiliza para alimentar a los animales en lugar de a las personas. Está claro, por lo tanto, que una dieta rica en carne roja no sólo no es saludable para nosotros, sino que tampoco es sostenible para el delicado equilibrio de un planeta cada vez más poblado. Y cada vez más contradictorios: están los que padecen hambre y los que mueren de enfermedades relacionadas con una dieta demasiado rica y que explota los recursos naturales de forma demasiado intensiva.

En resumen, la elección de lo que ponemos sobre la mesa no es sólo una cuestión privada: afecta al bienestar de las personas y del medio ambiente.

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